La adolescencia me toco vivirla en los 90’, no me quejo en absoluto, pues fue una época bella y nueva en todo sentido, tanto para nosotros los que abandonábamos la niñez y entrábamos a un mundo nuevo, difícil trance; y nueva para el país, el cual despertaba de una larga y tenebrosa noche de represión, dictadura y un nacionalismo enfermizo y mal entendido.
Esa década fue rica en todo sentido, fue una explosión de colores y sensaciones nuevas para quienes tuvimos la suerte de vivirla; la (tan odiada como amada) globalización empezaba a asomarse en el país, fue la década en que la televisión por cable nos permitió conocer más de cerca otras culturas, tendencias y estilos de vida, si bien luego vino Internet, ya en el segundo lustro, creo que el gran despegue se produjo con la llegada de la TV por cable, tanto que entre amigos me gusta referirme a nuestra generación, como la generación MTV; pero ojo! me refiero a la MTV que pasaba música, no al engendro maligno que existe ahora y que se dedica a llenar su programación con reality shows. Por cierto, uno peor que el otro.
Pero también por cierto, tampoco todo fue color de rosas, el neoliberalismo que caracterizó a esa época, mostró los dientes, America Latina en general fue rifada al capital privado (casi siempre en manos de gente enriquecida por la corrupción estatal) y se terminó privatizando casi todo, fue la época de la flexibilización laboral, empezaron los empleos temporales, los “contratados”, los despidos masivos y la quiebra de bancos. Como quien diría, un paraíso Vargasllosano.
En ese contexto, si la década de los 90’ tuvo una impronta, esa fue la del consumismo, llegó un momento en el que ser, llegó a ser igual a tener, la juventud fue vista como mercado, y por ello bombardeada desde todos los ángulos posibles (dudo que eso haya cambiado, pero creo que hoy al menos hay un poco más de opción). Puede dar fe de ello la compra cuasi religiosa de jeans argentinos en la icónica Galería Palma, y su uso prácticamente obligatorio y uniformado por la juventud de la época.
Ante todo ello, llegó una ola de protesta, algunos que comenzaron a levantar la cabeza y ello se materializó en un movimiento de contra-cultura: el Grunge, el epicentro fue Seattle y con sus letras cargadas de rabia, frustración y rebeldía, sus agresivos y potentes riffs de guitarra, y una estética basada en lo desprolijo y anti establishment, fueron el ariete de una generación hastiada de que se le indique hasta que y donde comer. La mesa estaba servida, el Grunge pegó y mucho.
Kurt Cobain, fue el ícono de ese movimiento, rebelde y oveja negra por vocación, vivió y murió en su ley, puso la banda de sonido a una generación que comenzaba a tomar conciencia de sí misma, y con la voz desgarrada gritó con rabia lo que todos teníamos dentro. Hasta que él, consecuente hasta el final, decidió callar.
Ante la evidencia de que el Grunge, como casi toda movida cultural estaba siendo fagocitado por el mercado, por el establishment y por el consumismo ante el cual una vez se levantó, Kurt tampoco iba de dejar de rebelarse.
Quedó el ejemplo, la impronta y la figura gigante de Cobain como santo patrono de tan rebelde culto. El mundo y la juventud hoy claman por ese fuego de rebelión, y las cenizas están aún humeantes.
Hoy se cumplen 17 años de su partida. Hoy se necesita muchos más Kurts.


Alucinante el post.
Gracias Tite!!!!!
no sé qué decir. Gracias por el post
Gracias Guri!! Abrazo!!!
Excelente Post. Felicidades…
Muchísimas gracias por pasarte por tus palabras, por pasarte por acá y por leerlo!!!
Che mopirimba tu post como quien dice… luego del grunge y la invasion del brit pop ya no hubo mas nada interesante en la escena musical, lo de MTV lamentable
Eso mismo! Tal vez yo no sea un cultor de la música grunge, pero lo que significó como movimiento artístico y cultural… fue enorme!
Abrazo!