Fiesta en la cocina

foto cortesía Lucía Llano

El que advierte no traiciona, este va a ser un post hecho por un fanático, y ojalá sea leído por ellos. No tiene la más mínima intención de ser una crónica, los medios nos prepararon unas impecables y sin desperdicios. No, a este post voy a intentar escribirlo con el corazón y con la emoción a flor de piel, tal como viví el concierto de anoche.

Catorce largos e interminables años pasaron para que Joaquín Sabina volviese a pisar suelo paraguayo, catorce años en los que quien suscribe tuvo la oportunidad de verlo en otros escenarios, y salvo aquel lejano 1997, siempre lejos de casa. Anoche la emoción de tenerlo enfrente, dando todo de sí en un escenario y encima en NUESTRA CASA hizo que este concierto haya sido sin dudas el mejor al cual asistí hasta la fecha. La emoción se hizo presente, ni bien el reloj marcó las 20:30, emoción que todavía me embarga al tratar de hilvanar las ideas en este post.

Catorce años que significaron mucho para todos, incluso para él. Hoy, Sabina ya no es aquel calavera que frecuenta bares y a quien las noches se le confunden con días corriendo detrás de alguna “de cuyo nombre ahora no se quiere acordar”; es un Sabina más templado, aJimenado. Un Sabina cuya obra resuma mucho más literatura, un Sabina más de “Resumiendo” y menos de “Eh, Sabina”. Tampoco nosotros somos los mismos, ya con más kilos y menos pelo que en aquel lejano 1.997; ya no con la admiración ferviente de adolescentes sino con algunos visos de madurez que nos asechan conforme pasan los años (¡malditos sean!), pero también viendo felices como el espectro sabiniano paraguayo se amplía y mucho; este servidor se sintió uno con esas legiones de quinceañeros cantando a voz en cuello, por ejemplo, “Pastillas para no soñar”.

Justamente ayer, conversando minutos antes del concierto con el papá de un amigo muy querido, éste me preguntaba ¿qué tiene Sabina que a los jóvenes gusta tanto?, la respuesta conjunta que nos animamos a construir fue que las canciones de Joaquín son atemporales, ese nihilismo y post modernismo que esconde y a la vez exhibe cada una de sus letras (v.gr. “Calle Melancolía”) y que nos transporta a situaciones vividas o a situaciones que quisiésemos vivir es lo que hace que éstas sean patrimonio de todas las generaciones y no sólo de algunas, cosa que en el género de la canción de autor es cuando menos, raro. Anoche los mayores, los medianos y los chicos cantamos juntos canciones que a todos nos llegaron; sí, seguramente a cada cual a su manera, pero esa justamente es la riqueza de todo esto. El sexagenario y el quinceañero sintiéndose cómplices con el Ubetense, quien con su música les recordaba alguna situación vivida o imaginada. Y he ahí el mérito de Joaquín.

Y del concierto en sí ¿qué puedo decir? Nada más que algunas ideas, para arrancar: la producción fue impecable, en todo sentido y aunque me duela un poco (algunos saben el porqué). Por su parte Sabina dio todo de sí y entró en el corazón de todos, la entrega a su público, a ese público que unía a los que esperamos catorce años y los que por primera vez tomaban contacto con él, fue total. El dominio del escenario fue superlativo, hasta la voz, que es lo último que valora quien presuma de sabinero, lo acompañó.

El público paraguayo estuvo a la altura, se notó y se sintió que lo hicimos estar a gusto, creo sin temor a equivocarme que el 90% de los que asistimos hoy lucimos, cual medalla ganada en combate, una ronquera y falta de voz que nos llena de orgullo. Y el flaco lo sintió y se hizo uno con su público. Normalmente, y tal vez injustamente, al público paraguayo se lo considera un poco apático en relación a otros, Sabina sabía al toro que se enfrentaba (en el 97’ el público no lo acompañó como ayer), pero salió al ruedo y lidió a este Miura seduciéndolo con pases dignos de su admirado amigo José Tomás. Y la faena cuajó redonda. Fue de rabo.

En cuanto a mi visión personal del concierto y como este me llegó: toqué el cielo y me sentí uno con Sabina, como cantando juntos en la intimidad de un bar, principalmente estos temas: “Peces de ciudad”, “Contigo” (sobre todo por tener al lado y poder abrazar en el concierto, a quien me honra acompañándome en este camino que es la vida), “Virgen de la Amargura” y el éxtasis para el rocanrolero que todos llevamos dentro tuvo lugar con “Tiramisú de limón”, “Princesa” y “La del Pirata Cojo”.

También hubo otras emociones y experiencias que tuvieron lugar, pero esas me las guardo para mí, y para quienes las vivieron conmigo.

Hay una pequeña perlita, para terminar este post, que quiero compartir con los pocos a los que seguramente se les pasó, anoche, Sabina cantando “Contigo” improvisa unos versos y dice “ni Iguana sin ti” en directa alusión a su primera visita y concierto en Paraguay, porque luego, en el posterior periplo nocturno por bares asuncenos de aquella época dio con sus huesos en el mítico “Café de la Iguana”, sobre la Avda. Mcal. López, y tuvo lugar un suceso que quedó grabado a fuego en la memoria de quienes por allí estuvimos.

Joaquín Sabina volvió, y hubo fiesta en la cocina. Ojalá que volvamos a vernos. Gracias Maestro.

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El olor de una generación

"es mejor ser odiado por lo que eres, que amado por lo que no eres"

La adolescencia me toco vivirla en los 90’, no me quejo en absoluto, pues fue una época bella y nueva en todo sentido, tanto para nosotros los que abandonábamos la niñez y entrábamos a un mundo nuevo, difícil trance; y nueva para el país, el cual despertaba de una larga y tenebrosa noche de represión, dictadura y un nacionalismo enfermizo y mal entendido.

Esa década fue rica en todo sentido, fue una explosión de colores y sensaciones nuevas para quienes tuvimos la suerte de vivirla; la (tan odiada como amada) globalización empezaba a asomarse en el país, fue la década en que la televisión por cable nos permitió conocer más de cerca otras culturas, tendencias y estilos de vida, si bien luego vino Internet, ya en el segundo lustro, creo que el gran despegue se produjo con la llegada de la TV por cable, tanto que entre amigos me gusta referirme a nuestra generación, como la generación MTV; pero ojo! me refiero a la MTV que pasaba música, no al engendro maligno que existe ahora y que se dedica a llenar su programación con reality shows. Por cierto, uno peor que el otro.

Pero también por cierto, tampoco todo fue color de rosas, el neoliberalismo que caracterizó a esa época, mostró los dientes, America Latina en general fue rifada al capital privado (casi siempre en manos de gente enriquecida por la corrupción estatal) y se terminó privatizando casi todo, fue la época de la flexibilización laboral, empezaron los empleos temporales, los “contratados”, los despidos masivos y la quiebra de bancos. Como quien diría, un paraíso Vargasllosano.

En ese contexto, si la década de los 90’ tuvo una impronta, esa fue la del consumismo, llegó un momento en el que ser, llegó a ser igual a tener, la juventud fue vista como mercado, y por ello bombardeada desde todos los ángulos posibles (dudo que eso haya cambiado, pero creo que hoy al menos hay un poco más de opción). Puede dar fe de ello la compra cuasi religiosa de jeans argentinos en la icónica Galería Palma, y su uso prácticamente obligatorio y uniformado por la juventud de la época.

Ante todo ello, llegó una ola de protesta, algunos que comenzaron a levantar la cabeza y ello se materializó en un movimiento de contra-cultura: el Grunge, el epicentro fue Seattle y con sus letras cargadas de rabia, frustración y rebeldía, sus agresivos y potentes riffs de guitarra, y una estética basada en lo desprolijo y anti establishment, fueron el ariete de una generación hastiada de que se le indique hasta que y donde comer. La mesa estaba servida, el Grunge pegó y mucho.

Kurt Cobain, fue el ícono de ese movimiento, rebelde y oveja negra por vocación, vivió y murió en su ley, puso la banda de sonido a una generación que comenzaba a tomar conciencia de sí misma, y con la voz desgarrada gritó con rabia lo que todos teníamos dentro. Hasta que él, consecuente hasta el final, decidió callar.

Ante la evidencia  de que el Grunge, como casi toda movida cultural estaba siendo fagocitado por el mercado, por el establishment  y por el consumismo ante el cual una vez se levantó, Kurt tampoco iba de dejar de rebelarse.

Quedó el ejemplo, la impronta y la figura gigante de Cobain como santo patrono de tan rebelde culto. El mundo y la juventud hoy claman por ese fuego de rebelión, y las cenizas están aún humeantes.

Hoy se cumplen 17 años de su partida. Hoy se necesita muchos más Kurts.

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Kindle 3, mi experiencia

Como alguna vez lo dijo el gran Roa, vivimos en una isla rodeada de tierra, isla con la cual el infortunio parece no ya enamorado, sino obsesionado.  ¿Por qué arrancamos así? Porque justamente el hecho de esa cualidad de isla mediterránea, además de patearnos en varios aspectos, le mete una coz a uno de los que más me duelen como adicto a los libros que me confieso: la dificultad de conseguir títulos interesantes, actuales y sobre todo sin que para adquirirlos uno deba renunciar a algún órgano vital.

Siendo francos, la oferta de libros en Paraguay es lamentable; lo que uno encuentra en las librerías de plaza es mínimo en relación a lo que el mundo de las letras ofrece; lo único actual que se encuentra son esas cosas (me resisto a llamarlos libros) de autoayuda, Coelho, Osho y demás vulgaridades que me niego a seguir nombrando. Y por supuesto, todo ello a un precio que fácilmente, y sin exagerar, duplica al que se puede conseguir allende nuestras fronteras.

Esta situación me llevo a explorar posibilidades para intentar ampliar la oferta de lectura, sin en dicha empresa terminar aniquilando a mi bolsillo; intenté con la lectura de libros en la notebook. Nunca me acostumbré ni logré pasar de las 30 páginas leídas; lo confieso me resulta incómodo y lo veo como un Charles Manson en potencia para mis ojos.

Hasta que escuche hablar de los e-readers, e investigué sobre el tema; a priori era la opción que mejor se ajustaba a mis necesidades y posibilidades; consulté con gente más entendida la materia (@t3r3r3 me ayudó con una mini review que me hizo y otros amigos me dieron su parecer) y finalmente, aprovechando la coyuntura de que un amigo viajaba a los EEUU, me decidí por el Amazon Kindle 3; y acá si entramos en el leiv motiv de este post, el cual desde ya les aviso que será un poquito  más largo de lo habitual.

Estoy muy lejos de ser un geek, o tan siquiera un fanático de la tecnología, y respeto con admiración profunda a la gente que si lo es y hace de ello razón de su existencia. El que suscribe tan solo la usa en cuanto a sus necesidades (lejos de la especie de orates armados con Blackberries e ínfulas de Mark Zuckerberg que actualmente polula), dicho y aclarando esto lo que quiero hacer es transmitir mis impresiones y experiencias con el Amanzon Kindle 3, por si a alguien pueda servir, así que se ruega encarecidamente que este humilde post no sea tomado como una reseña técnica.  Ahora, al toro:

Mi amor con el Kindle fue a primera vista, y lo confieso: servidor se enamoró hasta del envoltorio; sencillo y austero. Pocos aditivos y accesorios (viene tan solo con el cable conector y cargador USB, y una guía rápida de uso), como presagiando lo que será la experiencia: USUARIO y KINDLE, nada ni nadie más en medio. El aparato es agradable al tacto, hecho con un material semi poroso lo cual facilita el agarre y con la disposición de botones y comandos muy ergonómica. Liviano, eso sí; apenas 247 gramos según las especificaciones; en la mano se siente incluso menos. A pesar de sus dimensiones: 19 x 12 cm y apenas 8.5 mm de grosor, tiene el aspecto de ser un dispositivo robusto. En realidad esto último no quiero ni intentar confirmarlo, razón por la que también adquirí la funda original.

La pantalla en la cual leeremos es de 6 pulgadas, similar al tamaño de un libro edición de bolsillo (el Kindle DX tiene una pantalla mayor), provista con la tecnología e-ink; se presenta solamente en blanco y negro, o mejor, en una escala de grises. Y es acá donde el Kindle muestra todo su esplendor y empezamos a hablar de la experiencia al usarlo; leer en esta pantalla es una de las experiencias más gratificantes que tuve (en realidad no me esperaba eso, lo admito); desde que lo tengo, hace una semana, ya leí tres libros en él, y la verdad sea dicha, dada la tecnología de su pantalla uno se olvida que está leyendo en un dispositivo, no cansa para nada la vista; e incluso uno puede adaptar el texto a sus preferencias de lectura, como ser: ajustar el tamaño de letra, la separación entre palabras, la orientación de la pantalla y otras linduras por el estilo. Eso sí siempre y cuando el formato del e-book sea .mobi, el cual es el optimizado para el Kindle.

El dispositivo permite leer varios formatos y entre ellos el pdf, el cual, personalmente no lo recomiendo pues no permite adaptaciones del texto al dispositivo, es decir, lo muestra en pantalla tal cual está. El formato .doc (Word) no lo acepta. Pero como todo tiene solución en este mundo, y si no se la inventa; está el programa gratuito Calibre (descargalo aquí) el cual de manera fácil, sencilla y en tan sólo unos minutos permite la conversión de cualquier formato a cualquier otro e incluso administrar tu biblioteca. Sugiero siempre la utilización del formato .mobi, por las razones que se explicaron más arriba.

Otras prestaciones del Kindle, que de entrada digo: no son su principal atractivo, son las de poder escuchar música de fondo mientras se lee (está dotado de un reproductor muy… rudimentario), se pueden escuchar audiobooks, text to speech, funcionalidad solamente disponible para el inglés (por ahora); y un intento de navegador web. Y me explico, la navegación es pésima. Mi Kindle tiene conectividad Wifi y 3G; pero les soy sincero, solo los primeros días experimenté; no es un dispositivo diseñado para ello, es un e-reader y punto. No perdamos de vista ello al juzgarlo por su navegador, el cual sí está optimizado para la compra de e-books vía Amazon, acceso a Wikipedia y alguna que otra red social para compartir bookmarks, lo que le hace, en serio y sin exagerar, sudar la gota gorda.

Creo leerles la mente al pensar que se estarán preguntando, ¿dónde consigo libros? Les voy a intentar responder con esto: – hay TODO, Internet es demasiado grande, sólo es cuestión de buscar y encontrar. Y la capacidad del dispositivo es de 4 GB (libres 3 GB, no expandibles) suficiente como para aproximadamente 3500 libros.

Entonces, ¿vale la pena comprarlo? Y… si lo tuyo es la lectura y disfrutás con ella, definitivamente sí. Es una opción económica (6 libros promedio en una librería de plaza te salen el mismo precio que la versión wifi), cómoda y, personalmente la veo como el futuro del libro, el cual (con lo mucho que lo amo) se volverá una pieza de colección, algo para fanáticos. Similar a lo que hoy pasa con los discos. Ahora, si lo que buscás es un “gadget” multitareas, novedoso, cool y rimbombante… algo como un iPad, mantenete alejado, esto definitivamente te va a desilusionar pues no fue esa la razón de su existencia.

Ahh, casi lo olvidaba… si tenés un buen café cargado al lado, no vas a extrañar para nada el olor a las hojas del libro.

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Más que cables

En estos días y debido al revuelo que está viviendo el mundo gracias a los cables difundidos y publicados por Wikileaks, en los que se revela el espionaje y la injerencia ejercida por los nunca bien vilipendiados EEUU hacia otros países, entre ellos el nuestro, se generó algo trascendental. Y a uno le gustaría formar parte de ello. Mucho.

Sobre el contenido de los cables en sí y la información que va difundiéndose de a poco, el domingo 28 de Noviembre de este año, anticipándose a los medios de prensa tradicionales @xgurix ya nos lo contaba en Dementesx.

Este tema obviamente generó reacciones de todo tipo, desde la ninguneada que le dedicó el gobierno de nuestro país a través de su lamentable servicio exterior, que dicho sea de paso sólo sirve para ubicar a genuflexos en apetitosos cargos prebendarios; hasta airadas protestas de algunos grupos políticos y sociales. Y esta escena se repitió a lo largo y ancho del globo, en todos los países, salvo algunos a los cuales les quedó algún dejo de dignidad. Es que las “cooperaciones internacionales” tienen su peso, hay que entenderlos.

Lo interesante vino con la reacción social que se generó sobre todo en Internet, si la voz en la red era prácticamente unánime en cuanto a la repulsa que generó el conocimiento de estos hechos, esta reacción se multiplicó por infinito cuando comenzaron las persecuciones tanto a Wikileaks como a su fundador, Julian Assange, quien hoy se halla detenido en el Reino Unido acusado de un delito… ridículo, por llamarlo de alguna manera.

A Wikileaks se lo está intentando boicotear y ahogar a como de lugar: se le están cortando las vías para recibir donaciones, se lo esconde como trendic tópic en Twitter, se congelan sus fondos en bancos, apresan a su fundador. Pero lo irónico de todo ello es que están generando el efecto contrario en todos, despertaron a la gente que está detrás de cada computadora; el que poco y nada sabía de Wikileaks, hoy al menos tiene una idea de que va, y lo apoya. Los ciberactivistas se han organizado en la llamada Operation Payback, y todo hace pensar que se está en los umbrales de la 1era. Guerra Mundial de la Información.

Ante tamaño abuso por parte del poder, en el intento de controlar la información, la gente está dándose cuenta de en qué bando ubicarse; y el clamor que va haciéndose escuchar cada vez más insistentemente es: Assange sos vos, soy yo, somos todos.

Ojalá este fenómeno que se está dando  sea tan solo el punto de partida de un despertar y reaccionar colectivos, en contra de toda la dominación a la que estamos sometidos en cuanto a la administración y manejo de la información. Hoy son unos cables, ¿mañana?

No necesitamos un Minver.

Ah, y liberen a Assange, carajo!

“En una época de engaño universal, decir la verdad constituye un acto revolucionario”

“Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controlará el futuro.”

George Orwell, 1984

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Highway to hell

Una máxima que circula desde hace mucho tiempo por internet reza: “don’t feed the troll”, aparentemente nuestras autoridades no la conocen, o directamente hacen caso omiso a ella, digo lo anterior casi como justificativo a la andanada de posts que últimamente he subido a este espacio. El caso es que nuevamente surge una noticia, para nada agradable por cierto, sobre la cual no puedo resistir las ganas que tengo de hacer unas cuantas reflexiones.

Nuestro nunca bien puteado Poder Ejecutivo emitió ayer el Decreto Nº 5.496 merced al cual queda fijado el costo del pasaje urbano en Gs. 2.300 (subió Gs. 200). Una medida a priori tibia, pues lejos de generar algún tipo de simpatía en la ciudadanía sino todo lo contrario, tampoco satisface a los manguruyúes del empresariado del transporte público paraguayo, que exigen más.  En este aparente escenario, tenemos tres sectores perjudicados: la ciudadanía, estafada una vez más al pagar precios exagerados por un servicio, seamos sinceros, de mierda. El “empresauriado” del transporte que clama y se desgañita, hasta con este nuevo precio, que trabaja a constante pérdida, y finalmente el gobierno, vilipendiado y odiado por ambas partes. Ese por lo menos es el análisis que quieren vender a la ciudadanía.

Mirando con un poco más detenimiento y atención la película, el análisis anterior es absolutamente falso, y me animo a llamarlo inmoral. Los únicos jodidos en todo esto, una vez más somos los ciudadanos de este castigado país.

El “empresauriado” del transporte de este país, en mi escala personal de hijoputez ocupa un segundo lugar, solo por detrás de los parlamentarios. Está en su gran mayoría constituido por gente que siempre sacó y saca provecho de los gobiernos de turno, ya sea con precios subsidiados, reducción de impuestos para importación, una reglamentación de funcionamiento floja y que jamás es aplicada, y un largo etc. Por otro lado, todos los políticos en época de campaña electoral depende de ellos para el arreo de sus partidarios ora a actos, ora a las elecciones, en virtud a lo cual les prometen el oro y el moro a cambio de sus favores una vez que estén a cargo de la administración del gobierno. Es por ello que estos energúmenos terminan saliéndose con la suya y ganando siempre. Tienen con los gobiernos un matrimonio por conveniencia, que funciona y encima muy bien.

Como todo matrimonio por conveniencia que funciona, se debe aparentar que no es así, y ahí aparece el hijo a cumplir su papel: Setama. Este engendro saca un sesudo análisis en el cual se recomienda que el pasaje suba a una suma estrafalaria y ridícula. Obviamente, ello genera reacciones de todo tipo… y comienza la pelea.

Una pelea absolutamente teatral, pues de cualquier manera el gobierno termina fijando un pasaje, en apariencia menor a lo propuesto, pero muy por encima del costo real que debe tener un servicio absolutamente ineficiente y peligroso para el usuario. Mientras los “empresaurios” hacen su parte: patalean y chillan por trabajar “a pérdida”, amenazan con huelgas y reguladas.

El resultado final de todo esto es que ya no se discute que el pasaje suba a un precio inflado y ridículo, sino que solamente no suba lo que el empresariado quiere y evitar así las huelgas y reguladas, por lo que mediante “decididas y valientes negociaciones encaradas por el gobierno nacional” el pasaje queda fijado en los Gs. 2.300; por supuesto, el anuncio se hace como si se tratatase de la toma de Constantinopla. Mientras, con una cara compungida y de profundo dolor, el empresariado, acepta este precio “temporal” haciendo un enorme esfuerzo en aras de la paz social, claro por dentro la sonrisa es inmensa, y tras bambalinas ya se habrá arreglado el transporte de los correlís para el próximo acto político.

Triste resultado: perdemos todos, una vez más la ciudadanía sobre cuyas espaldas cae el peso de mantener todo este aparato es vapuleada por este matrimonio perverso. Lo aún más triste: en una semana ya nadie recordará esto, la ciudadanía anestesiada pagará sin chistar Gs. 2.300 o más por arriesgar todos los días su vida viajando en verdaderas trampas mortales. Claro, pero estará absolutamente preocupada por quien es el próximo eliminado en “Bailando por un sueño”.

Así que,  pago mis Gs. 2.300 de pasaje, recibo el gruñido de : “-Vamo’ pasar un poquito má en el medio”, y continuamos este interminable viaje por la Highway to Hell…, destino que parece estar cada vez más cerca.

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